lunes, 3 de abril de 2017

LA HISTORIA SE REPITE (aunque no exactamente igual).

Mildred Jeter y Richard Loving eran una pareja interracial muy enamorada que vivía en Virginia, EEUU. Querían casarse, pero esto sucedió antes de que fuera legal en su estado. Así que en 1958, hicieron un viaje a Washington, D.C., para contraer matrimonio. Cuando regresaron a Virginia, inmediatamente fueron arrestados y sentenciados a un año de cárcel. Por el delito de casarse. El juez los declaró culpables sobre la base de: “dios todopoderoso creó las razas blanca, negra, amarilla, malaya y roja, y los colocó en continentes separados. Y la interferencia con su arreglo no sería una causa para tales matrimonios. El hecho de que él separara las razas demuestra que él no tenía intención de mezclarlas”. Hicieron un trato con el juez para abandonar su casa, su vida, su estado, a cambio de su libertad. Se fueron a vivir a D.C., y mientras estaban allí, iniciaron la batalla legal que puso fin a este tipo de discriminación. Muchas veces los Loving aclararon que no eran activistas. Que sólo querían criar una familia como una pareja casada y vivir una vida feliz, como cualquier ser humano. La mayoría escuchamos este tipo de historias actualmente y pensamos de inmediato que el juez que los culpó y los que promulgaron esas leyes tan discriminantes eran unos completos imbéciles. Esta misma situación se repetirá en otros 50 años. Se escucharán historias donde una pareja de homosexuales es discriminada, presionada socialmente, juzgada por el simple hecho de querer casarse, por un grupo de personas intolerantes. Y de inmediato la mayoría pensará que eran unos completos imbéciles. La historia se repite, aunque las circunstancias sean distintas. A todos aquellos que están en contra, deberían pensar en esta situación por un momento: Imagínense que los homosexuales fueran mayoría, y que trataran de restringir sus derechos a los heterosexuales, ¿qué sentirían?. Lo justo moralmente es siempre ponerse del otro lado. Al final, las bases morales de la humanidad se deben resumir en la milenaria “Regla Dorada”: “Trata a los demás como quieres ser tratado”. Y si se trata de derechos, recordar siempre que “mis derechos acaban donde comienzan los derechos de los demás”. No sé en qué les afecta que un grupo de seres humanos reclamen un derecho que les corresponde. ¿O creen que porque una pareja homosexual se case, será el fin de la sociedad?. Eso es exactamente lo mismo que argumentaban en contra de los matrimonios interraciales hace cincuenta años en los EEUU. Yo sigo viendo este tipo de prejuicios como resultado del adoctrinamiento religioso. La mayoría de los que están en contra lo hacen “porque es pecado” por decirlo así en la biblia. Y a pesar de que he escuchado a amigos decir que “están en contra, independientemente de lo que diga la iglesia”, de inmediato se nota que esa “independencia” no existe. La religión no debe ser un factor que restrinja los derechos humanos. Obviamente este escrito es solamente para aclarar mi punto de vista, un simple desahogo. Porque cambiar la ideología de alguien es muy difícil, y sé que es aún más difícil cuando alguien no entiende de humanidad.

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